domingo, 30 de enero de 2011

Tesoro



Pregunta: ¿Qué es la Iluminación?

Eckhart Tolle: Un mendigo había estado sentado a la orilla de un camino durante más de 30 años. Un día pasó por allí un extraño. “¿Tienes algunas monedas?”, murmuró el mendigo, estirando mecánicamente el brazo con su vieja gorra. “No tengo nada que darte”, respondió el extraño. Y luego preguntó, “¿Qué es eso sobre lo que estás sentado?”. “Nada”, replicó el mendigo, “sólo una caja vieja. He estado sentado sobre ella desde que tengo memoria”. “¿Alguna vez has mirado en su interior?”, preguntó el extraño. “No”, respondió el mendigo, “¿Para qué? No hay nada adentro”. “Echa una ojeada”, insistió el extraño. El mendigo logró entreabrir la tapa. Para su asombro, incredulidad y euforia, descubrió que la caja estaba llena de oro. 

Yo soy ese extraño que no tiene nada para darte y que te dice que mires en tu interior. No dentro de alguna caja -como en la parábola- sino en un lugar aún más cercano: dentro de ti mismo. “Pero no soy un mendigo”, te puedo oír decir. Aquellos que no han descubierto su verdadera riqueza -la brillante joya del Ser y la profunda e inalterable paz que se encuentra en ese lugar-, son mendigos, aún cuando tengan gran riqueza material. Buscan externamente desechos de placer o plenitud -para la validación, la seguridad o el amor-, mientras en su interior tienen un Tesoro que no sólo incluye todas esas cosas, sino que es infinitamente más grande que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer. 

La palabra “iluminación” evoca la idea de algún logro sobrehumano, y al ego le gusta verlo así; sin embargo, se trata simplemente de tu estado natural sentido de unión con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, eres tú en esencia y que, sin embargo, es mucho más grande que tú. Es el encuentro de tu verdadera naturaleza, más allá de nombres y formas. La incapacidad de encontrar esta conexión da origen a la ilusión de separación de ti mismo y del mundo que te rodea. Te percibes entonces a ti mismo, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el temor, y el conflicto-interno y externo- se vuelve habitual. 

Me gusta la sencilla manera en que el Buda define el estado de iluminación: “el fin del sufrimiento”. ¿Hay acaso algo sobrehumano en esto? Por supuesto, como definición es incompleta. Sólo te dice lo que la iluminación no es: no es sufrimiento. Pero, ¿qué es lo que queda cuando ya no hay sufrimiento? El Buda guarda silencio al respecto, y su silencio implica que tendrás que descubrir eso por ti mismo. Utiliza una definición negativa, de modo que la mente no pueda transformarlo en algo en qué creer o en algún logro sobrehumano, en una meta que te sea imposible alcanzar...

viernes, 28 de enero de 2011


Está lloviendo...

¡Que gran espectáculo la lluvia!

¡Cuanta sabiduría en cada gota de agua!

¡Que perfección en todo lo que acontece en este instante!

Llueve porque tiene que llover y nada más...

Gotas de H2O mojan y se funden en este cuerpo H2O

¡Gracias!

miércoles, 26 de enero de 2011

El profesor y su sed de respuestas


Un profesor de filosofía fue a ver a un Maestro zen, Nan-in, y le preguntó por Dios, por el nirvana, por la meditación y muchas otras cosas. El Maestro escuchó en silencio —preguntas y más preguntas— y después dijo: —Pareces cansado. Has tenido que subir a esta montaña tan alta y vienes desde un lugar muy lejano. Déjame que te sirva una taza de té. Y el Maestro zen hizo el té.

El profesor esperó; las preguntas hervían en su interior. Y cuando el Maestro estaba haciendo el té, el samovar cantaba y el aroma del té comenzó a extenderse, el Maestro dijo al profesor: —Espera, no tengas tanta prisa. ¿Quién sabe? Quizá tus preguntas se respondan mientras tomas el té... o incluso antes.

El profesor se sentía perdido. Empezó a pensar. «Todo este viaje ha sido una pérdida de tiempo. Este hombre parece estar loco. ¿Cómo se van a responder mis preguntas sobre Dios bebiendo un té? ¿Qué tiene una cosa que ver con la otra? Más vale que me escape de aquí cuanto antes. Pero como también se sentía cansado, pensó que sería bueno tomar una taza de té antes de retomar el camino.

El Maestro trajo la tetera, empezó a servir el té y continuó vertiéndolo. La taza estaba llena y el té empezó a rebosar sobre el platillo, pero él seguía echando. Entonces se llenó también el platillo. Una gota más y el té empezaría a derramarse por el suelo; y el profesor gritó: —¡Alto! ¿Qué haces? ¿Estás loco o qué? ¿No puedes ver que la taza ya está llena? ¿No ves que el platillo está lleno?

Y el Maestro zen dijo: —Ésta es la situación exacta en la que te encuentras: tu mente está tan llena de preguntas que, aunque las responda, no tienes lugar para las respuestas. Pero pareces un hombre inteligente. Te has dado cuenta de que, ahora, una gota más no habría ido a la taza ni al platillo, habría empezado a derramarse por el suelo. Y eso mismo te digo, desde que entraste aquí tus preguntas rebosan por todas partes. Este lugar es pequeño, ¡pero lo has llenado con tus preguntas! Vuelve, vacía la taza y después regresa. Primero has de crear un poco de espacio dentro de ti.


domingo, 23 de enero de 2011

Las fortunas y desgracias de un aldeano


Un hombre tenía un caballo muy hermoso, tan especial que hasta los emperadores querían comprárselo al precio que fuera, pero él se negaba. Entonces, una mañana, descubrió que le habían robado el caballo. 

Todo el pueblo se reunió a su alrededor para mostrar sus condolencias y le dijeron: —¡Qué desgracia! Podrías haber conseguido una fortuna, te estaban ofreciendo tanto dinero. Pero has sido obstinado y estúpido, y ahora te han robado el caballo.
Pero el anciano se rió y dijo: —No digáis bobadas; lo único cierto es que el caballo ya no está en el establo. Dejemos que venga el futuro y ya veremos qué nos depara. 


Y en quince días el caballo volvió, y no volvió solo, trajo consigo una docena de caballos salvajes del bosque. Todo el pueblo se reunió y dijeron: —¡El anciano tenía razón! Su caballo ha vuelto trayendo consigo doce magníficos caballos. Ahora puede ganar todo el dinero que quiera. Fueron ante el hombre y le dijeron: —Lo sentimos. No podíamos entender el futuro y los caminos del Señor, ¡pero tú eres genial! Sabías lo que iba a pasar; puedes vislumbrar el futuro.

—¡Tonterías! —dijo el anciano—, lo único que sé es que el caballo ha vuelto con otros doce; pero nadie sabe lo que ocurrirá mañana.

Y al día siguiente ocurrió que mientras el hijo del anciano estaba tratando de domar a uno de los caballos, se cayó y se rompió las piernas. Todo el pueblo volvió a reunirse y dijeron: —Tenías razón, nunca se sabe lo que va a ocurrir; la vuelta del caballo ha resultado ser una maldición. Más valdría que no habría vuelto. Ahora tu hijo se quedará paralítico para el resto de su vida.

—No adelantéis conclusiones —dijo el anciano—. Esperad a ver qué pasa. Lo único que sabemos seguro es que mi hijo se ha roto las piernas, eso es todo.

Y ocurrió que quince días después los jóvenes de la localidad fueron llamadas a filas por el gobierno porque su país iba a entrar en guerra. Sólo quedó el hijo del anciano porque no sería útil en la batalla. Todos se reunieron y dijeron: —¡Nuestros hijos se han ido! Al menos tú tienes a tu hijo contigo. Puede que esté paralítico, ¡pero al menos está aquí! Nuestros hijos han sido reclutados y el enemigo es muy superior; caerán en el campo de batalla. No tendremos a nadie que cuide de nosotros cuando nos hagamos mayores, y tú por lo menos tienes un hijo que aún puede curarse.

—Sólo podéis decir que vuestros hijos han sido llamados a filas —respondió el anciano—. Mi hijo se ha quedado, pero no podemos concluir nada. 

¡Simplemente declara lo ocurrido! No piensas que las cosas son una bendición o una maldición. No las interpretes y pronto te darás cuenta de que todo es muy hermoso.

miércoles, 19 de enero de 2011

El dedo de Gutei indicando al Uno


El maestro zen Gutei solía levantar su dedo cuando explicaba cuestiones relativas al zen. Un discípulo muy joven comenzó a imitarlo, y cuando alguien le preguntaba de qué había hablado su maestro, el muchacho levantaba el dedo.

Gutei se enteró de lo que estaba ocurriendo y un día, en el momento en que lo estaba haciendo, tomó al muchacho, sacó un cuchillo, le cortó el dedo y lo tiró lejos. Cuando el chico salió corriendo, Gutei le gritó: «¡Alto!» El muchacho se detuvo, se dio la vuelta y vio a su maestro a través de las lágrimas.
Gutei tenía el dedo levantado. El muchacho fue a levantar su dedo y cuando se dio cuenta de que no estaba, hizo una reverencia. En ese momento se iluminó.


Comentario Osho: Ésta es una historia muy extraña y hay muchas posibilidades de que la malinterpretes, porque lo más difícil de comprender en la vida es el comportamiento de una persona iluminada.

Los Maestros nunca hacen nada superfluo, ni siquiera levantar un dedo... Gutei no tenía el dedo levantado siempre, sólo cuando explicaba cosas del zen. ¿Por qué? Todos vuestros problemas surgen de que estáis fragmentados, desunidos; sois un caos, no una armonía. ¿Y qué es la meditación? Tan solo una vuelta a la unidad. 

Las explicaciones de Gutei eran secundarias; lo principal era el dedo levantado. Estaba diciendo: —¡Sed uno y vuestros problemas se resolverán! El muchacho comenzó a imitarle. 

Ahora bien, la imitación no te lleva a ninguna parte. Imitación significa que el ideal viene de fuera, no es algo que ocurra dentro de ti. Tienes una semilla dentro de ti; si imitas a otros, esa semilla seguirá muerta. 

Gutei debe haber sido muy, muy compasivo. Sólo pudo ser tan duro por compasión: la imitación tiene que ser cortada de raíz. El dedo sólo es simbólico. El muchacho tiene que recibir un gran susto y el sufrimiento tiene que llegar hasta el centro mismo de su ser. Un momento de intensa conciencia, una gran herramienta...

Gutei gritó: «¡Alto!» En el momento en que se paró, el muchacho ya no sentía dolor. A causa de su viejo hábito, cuando el maestro eleva su dedo, el muchacho trata de elevar el suyo, que ya no está allí. Y por primera vez en su vida se da cuenta que no es el cuerpo; es atención, conciencia. Es un alma, y el cuerpo sólo es una casa. 

Eres la luz que habita en el interior; no la lámpara, sino la llama.

domingo, 16 de enero de 2011

El milagro más grande



Un hombre vino a Lin Chi y dijo: —Mi Maestro es un gran psíquico. ¿Qué me dices del tuyo? ¿Qué puede hacer tu Maestro? ¿Qué milagros?.

—¿Qué milagros ha estado haciendo tu Maestro? —preguntó Lin Chi.

El discípulo dijo: —Un día me dijo que fuera a la otra orilla del río y estaba allí con un papel en la mano. El río era muy ancho, más de un kilómetro. Él estaba de pie en la otra orilla; desde allí empezó a escribir con una pluma y su escritura se plasmó sobre el papel que yo sostenía. Esto lo he visto con mis propios ojos, ¡soy testigo de ello! ¿Qué puede hacer tu Maestro?.


—Cuando tiene hambre come, cuando tiene sueño duerme —dijo Lin Chi.

—¿De qué me estás hablando?, —dijo el hombre—. ¿Y a eso le llamas milagro? ¡Todo el mundo lo hace!.

Lin Chi continuó: —No, nadie lo hace. Cuando duermes, haces otras mil cosas. Cuando comes, estás pensando en otras mil cosas. Cuando mi maestro duerme, simplemente duerme; no da vueltas ni se agita, ni siquiera sueña. En ese momento sólo existe el sueño, nada más. Y cuando tiene hambre come. Siempre está donde está.

¿Para qué sirve escribir de una orilla del río a la otra? Eso es algo que sólo interesaría a personas muy estúpidas. ¿Por qué lo hace?.

Alguien fue a Ramakrishna y le dijo: —Mi maestro es un gran hombre. Puede caminar sobre el agua.

—¡Eso es estúpido!, —dijo Ramakrishna—. Yo puedo ir al barquero y por dos peniques me cruza a la otra orilla. Tu Maestro es un loco. Ve y dile que no pierda su vida. Eso es algo que se puede hacer con toda facilidad.

Pero la mente siempre está deseando. La mente no es más que deseo, anhelo de que ocurra algo. A veces piensa en el dinero, en tener más dinero, una casa más grande, en ser más respetable, en tener más poder político. Después uno gira hacia la espiritualidad y la mente sigue siendo la misma. Ahora uno quiere más poderes psíquicos: telepatía, clarividencia y todo tipo de tonterías. Pero la mente sigue siendo la misma; quieres más. El mismo juego continúa...

Ahora se trata de telepatía, clarividencia o poderes psíquicos: «Si puedes hacer tal cosa, yo puedo hacer más. Puedo leer la mente de la gente a miles de kilómetros de distancia».

La vida en sí misma es un milagro, pero el ego no está dispuesto a aceptarlo. Quiere hacer algo especial, algo que nadie más haga, algo extraordinario.

jueves, 13 de enero de 2011

Za-zen

Hace veinticinco siglos en la India, no lejos del río Ganges, un hombre medita bajo una higuera. Hace ya seis semanas que reflexiona. Su cuerpo no se mueve y si no fuera por su aliento profundo y poderoso se le creería muerto. Completamente inmóvil, tranquilo como una montaña. No rechaza la nutrición, el sueño ni el cuidado delicado de una mujer. Simplemente, ha decidido no moverse de debajo del árbol hasta que no haya resuelto el problema del nacimiento y la muerte.





Una noche, poco antes del amanecer, mientras Venus brilla en el cielo, descubre el secreto más oculto. "En la última vigilia nocturna he alcanzado la ciencia más oculta... las tinieblas se recogieron y se hizo la luz.". Se convirtió en Buda, que en sánscrito significa El que ha despertado". Había descubierto un diamante. ¿Se lo guardará? Había encontrado la llave. ¿La prestará? Duda unos instantes. Después decide consagrar su existencia terrenal a la transmisión del secreto. Helo aquí: Comienza por sentarte en la posición de Buda. Concéntrate en la firmeza del cuerpo y en la respiración. La vía es de una simplicidad apabullante. Solamente sentarse, sin preocupaciones, ni pensamientos. Vacío. En posición auroral.





El mensaje de Taisen Deshimaru es el de todos los maestros Zen del mundo y de todos los budas: sentarse, únicamente, sin objetivo ni espíritu de provecho. Lo esencial es el za-zen. La posición es despertar. Za significa sentarse y zen meditación, concentración.

domingo, 9 de enero de 2011

Esencia - Puro ser


Cuando nace un bebé, es todo esencia o puro ser. Su esencia no es la misma, desde luego, que la esencia de un adulto desarrollado o realizado. Es la esencia de un niño, indiferenciada, como un gran amasijo. A medida que el niño se desarrolla, la personalidad comienza a desarrollarse como resultados de interacciones con el entorno y especialmente con los padres. Puesto que la mayoría de los padres se encuentran identificados con sus personalidades y no con su esencia no reconocen ni animan la esencia del niño. De modo que, al cabo de unos pocos años, la esencia es, de hecho, olvidada, y en lugar de la esencia, se desarrolla la personalidad. La esencia es reemplazada con distintas identificaciones. El niño se identifica con uno u otro padre, con esta o con esa experiencia, y con toda clase de nociones sobre él mismo. A medida que el niño crece, esas identificaciones, experiencias y nociones se consolidan y estructuran como su personalidad. El niño, y posteriormente el adulto, creen que esa estructura es su verdadero “yo”.

Sin embargo, para empezar su esencia estaba allí y aún sigue estando allí. Aunque no fue vista ni reconocida e incluso fue rechazada y herida de diversas maneras, está aún allí. Para protegerse a sí misma se ha enterrado, se ha puesto a cubierto. La protección es la personalidad.

No hay nada malo en tener una personalidad. Has de tener una. No podrías sobrevivir sin ella. Sin embargo, si tomas la personalidad como aquello que realmente eres, entonces estás distorsionando la realidad porque tú no eres tu personalidad. La personalidad está compuesta de experiencias del pasado, de ideas, de conceptos, de identificaciones. Tú posees el potencial para desarrollar una verdadera individualidad, la esencia personal, la cual es diferente de la personalidad que cubre la pérdida de la esencia. Pero este potencial normalmente es sometido por lo que denominamos ego: nuestro propio sentido de identidad que ha sido adquirido.

jueves, 6 de enero de 2011

10- Entrada en el mercado con las manos vacías (el retorno a la plaza del mercado)


Descalzo y con el pecho desnudo, me mezclo con la gente del mundo.
Mi ropa está remendada y cubierta de polvo, y soy más dichoso que nunca.
No uso magia para alargar mi vida, 
pero ahora, ante mí, los árboles marchitos se cubren de flores.

Comentario: Tras mi puerta, ni mil sabios me podrían conocer. La belleza de mi jardín es invisible. ¿Por qué deberíamos buscar las huellas de los antiguos maestros? Voy a la plaza del mercado con mi botella de vino y vuelvo a mi hogar con mi bastón. Visito al vendedor de vino y frecuento el mercado, y todos a los que miro se iluminan.

Con el corazón y los pies desnudos regresas a la plaza del mercado. Tu sonrisa brilla bajo la ceniza. No haces milagros y, sin embargo, allí por donde pasas, es primavera. 
Te sientas a la mesa con los bebedores y los leñadores. Cualquier hora es para ti un momento favorable. Cualquier tiempo es propicio para el Despertar. 
¡Ah, qué bien sabe una buena cerveza fría en una tarde de verano después de hacer lo que tenía que haber hecho! 
¡Qué momento más favorable para morir es éste en el que justo ahora me encuentro! 
¡Qué buen momento para vivir esto que la vida sigue siendo! 
¡Qué buen momento es éste momento!

lunes, 3 de enero de 2011

9- Regreso al fondo y al origen (algo más que nada)


Se han dado demasiados pasos para volver a la raíz y la fuente.
¡Más habría valido ser ciego y sordo desde el principio!
El hogar en la más verdadera morada de uno mismo, indiferente a las cosas exteriores.
Sin esfuerzo, fluyen las aguas del río y las flores son rojas.

Comentario: La verdad es clara desde el comienzo. Tranquilamente, en silencio, observo los diversos modos de nacimiento y muerte. El que no tiene apego a la identidad y la forma, ya no necesita de una mejor transformación. El agua es esmeralda, la montaña añil, y veo aquello que crea y lo que destruye.

Murmura el arroyo, la flor del manzano ha florecido sin porqué. 
Desde el comienzo lo que es ES, y nada vela Su despliegue. Basta con contemplar Esto –lo que permanece, lo que sucede-, sin añadir pensamiento alguno, sin identificarse con lo que acontece, sin preocuparse de sí mismo. Azul es la respuesta del cielo, verde la de los prados. 
El Misterio de tu existencia es un Misterio y basta. ¿Por qué florece la flor del manzano? Ni los Budas ni los sabios de los tres mundos pueden saberlo. 
Murmura el agua del arroyo y su murmuro es la totalidad de la Vida y de la Muerte, aquí y ahora. Aparece la flor del manzano y el Origen y lo originado florecen juntos. 

Si lo vives, esto ES. 
Si no lo vives, esto sigue siendo. 
Tu vivencia es ESTO. 
Tu no vivencia es ESTO. 

El mundo surge de sí mismo cada segundo se extingue en sí mismo cada segundo. No trates de entenderlo. Tú eres esto. 
Esto Es, pero su existencia es parecida a los puntos luminosos del cielo, o los puntos luminosos que se observan en estados gripales y afiebrados. De ellos no puede decirse que existan o que no existan. Son percibidos. Su percepción es real, pero su existencia irreal. 
Esto quiere decir que lo que percibes es algo más que nada. No es real ni irreal. Es una ilusión real. Es una realidad ilusoria. ¿Cuál es pues el motivo de tu preocupación? Aquí no hay ya más preocupación. Aquí no hay ni siquiera alguien que pueda preocuparse. 
Y aunque te preocupes e interrogues al Cielo y a la Tierra no tendrás más respuesta que el azul del cielo y el verde de los pinos. 
Tu existencia, con sus miríadas de fenómenos, es un cuento, el cuento que tú mismo te estás contando. 
Por cada cosa, por cada fenómeno, por cada percepción, por cada pensamiento, por cada sentimiento, sientes la misma consideración que por un espejismo, o por un sueño del que ya te has despertado. Las puertas del Misterio se abren de par en par. Ya no tienes miedo. Simplemente te dedicas a contemplar la aparición y desaparición de los fenómenos, de los sueños, de las realidades que, para ti, ya son realidades ilusorias. Cuentos. 
Y puesto a soñar, puesto a contar cuentos, te das cuenta de que tienes el poder de elegir el cuento que quieres contarte a ti mismo y a los demás. Puedes elegir tu sueño. Y puesto a elegir sueños, eliges el mejor de todos: el sueño que consiste en despertarse de todos los sueños. Y puesto a elegir cuentos, eliges el más hermoso: aquel en el que el arroyo murmura, la flor del manzano florece, el cielo es azul y los prados verdes.


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